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domingo, 28 de marzo de 2010

Orden de prisión contra Emilio Palacio

La orden de prisión contra Emilio Palacio, editorialista de Diario El Universo, por su artículo de opinión "Camilo, el matón" respecto del Presidente de la CFN, Camilo Samán, constituye un grave atentado contra la libertad de opinión en el Ecuador. Sin duda, es una medida que saca a relucir el ambiente de autoritarismo con el que estamos comenzando a convivir de a poco en nuestro país. Más pronto que tarde nos vemos sumergidos en una ola tras otra de represión y censura.

De cumplirse la condena impuesta, este periodista se convertiría en el primer preso político de renombre de la denominada Revolución Ciudadana. Curiosamente, la sentencia se da el mismo día en que el Presidente de Venezuela visitaba nuestro país.

Según el dictamen de la jueza encargada del caso “la dignidad y el buen nombre están por encima de la libertad de expresión”. Permítanme exponer mi desacuerdo al respecto.

Jugué fútbol asiduamente hasta los 18 años de edad. Cualquiera que haya jugado este deporte sabe que en medio de la tensión de un partido, mucha presión e insultos suelen venir desde nuestros propios compañeros e hinchas. Pero es mucho más común que estos ataques vengan con mayor dureza desde nuestros oponentes (literalmente te dicen de todo). Una parte importante de mi trabajo es ignorar esos insultos y mantenerme enfocado en lograr RESULTADOS POSITIVOS, ya que formo parte de un equipo comprometido por alcanzar un OBJETIVO.

Mis aciertos o errores no estarán exentos de críticas: es parte del juego. Y el partido en juego, señores, es el futuro del Ecuador. Con escándalos de este tipo, no avanzamos a ninguna parte. ¡No sumamos!

Cabe la pregunta… ¿En qué país queremos convertirnos?

viernes, 26 de marzo de 2010

Hijos de la Burguesía

No hace mucho, durante una presentación de proyectos en la universidad, me ocurrió un incidente bastante desagradable con un compañero de aula, perteneciente a una de las familias más influyentes del país.

Al final del evento, los participantes del mismo fuimos invitados a posar para la foto del recuerdo. Este señor, en actitud prepotente, tuvo el arrebato de empujarme con la intención de impedirme el paso a la foto, ante lo cual, inmediatamente protesté. Sorprendido ante mi justo reclamo, este pobre ser humano no hizo más que escupir más prepotencia. ¡Tremendo! Cabría preguntarse: ¿Dónde queda el respeto hacia los demás? Y por supuesto también, ¿Dónde están las normas básicas de convivencia?

Debido a que tuve el privilegio de estudiar en reconocidos colegios (en uno jesuita, especialmente) y desde hace más de 10 años tengo la fortuna de vivir en una urbanización privada, he podido palpar en directo y conocer a fondo a la nueva generación light guayaquileña. Gracias a Dios, a pesar de haber vivido entre ellos tantos años, no comparto su esencia ni mucho menos sus valores.

Aunque nuestro “querido” presidente los llame Pelucones, yo prefiero denominarlos tal como lo que son: hijos de la burguesía. Becados de la vida que se criaron convencidos de estar por encima de la ley, gracias al poder del dinero y las influencias, en medio de prepotencia, soberbia, excesos, libertinaje e impunidad.

La mayoría son hijos de exitosos empresarios, políticos y profesionales quienes absorbidos por su trabajo encomiendan –sin querer– su crianza a niñeras, empleadas domésticas y hasta a choferes. Esta situación origina un crecimiento carente de cariño, el mismo que es recompensado a través de bienes materiales, lo cual a largo plazo termina creando un patrón material-afectivo que en algunos casos, los terminará acompañando por el resto de sus vidas.

Así mismo, van convirtiéndose en gente cabeza hueca con muy pocos valores morales y éticos, que muchas veces desconocen la amistad verdadera e ignoran por completo los pequeños detalles de la vida. Tienden a rodearse de gente con los mismos síntomas, formando círculos bastante cerrados y hasta cierto punto, impenetrables. Pero también, debido a su posición económica y social, no sería extraño observarlos rodeados de falsos amigos, quienes en realidad son adulones interesados (particularmente en mi universidad a esa clase de gente se la encuentra en abundancia… obsecuentes a más no poder, son una lástima). Además, tienen relaciones amorosas marcadas por la inestabilidad y el materialismo.

Se refugian en el bienestar y el placer de sus pequeñas burbujas, rodeados de comodidades y alejados completamente de la realidad. Es sin duda, un mundo de apariencias donde por ejemplo se premia socialmente el tener autos de lujo y enormes residencias, muchas veces teniendo poca importancia como fueron conseguidos esos bienes, es decir si se incurrió en prácticas corruptas, fraudulentas o ilícitas para conseguirlos.

Aunque estoy acostumbrado a convivir con estas situaciones casi a diario, hay casos que todavía no dejan de sorprenderme. ¡Llega un punto en que digo no más! Necesito escribirlo, compartirlo. Me veo en la necesidad de crear conciencia.

Es una pena ver el desperdicio de dinero, contactos y demás recursos de muchas estas personas: en lugar de vivir en la nebulosa pensando solamente en banalidades, podrían ser un aporte extraordinario de servicio a los demás. ¡Cuánto podrían ayudar a construir una mejor sociedad! Lamentablemente, son los últimos en enterarse de aquello.

viernes, 12 de febrero de 2010

Patada cívica

El día de ayer tuve la oportunidad de asistir a esa gran fiesta democrática (o patada cívica, como prefieran llamarle) que celebramos los guayaquileños, quienes hace varias semanas fuimos convocados por nuestro alcalde Jaime Nebot con el motivo de alzar nuestra protesta contra la injusta repartición presupuestaria desde el Gobierno Central.

No voy a negar que detesto las aglomeraciones y que me había resistido anteriormente a asistir a una de estas marchas, sin embargo esta fue por demás una ocasión especial: no tanto por el tema de las rentas que tanto se reclama desde la alcaldía, sino como un verdadero rechazo al ambiente de autoritarismo que se vive hoy en día en el país. Al menos, ese era el espíritu de la mayoría de los presentes en esta multitudinaria marcha.

Viví esta fiesta desde muy temprano, casi desde las 13.45 cuando un nutrido grupo de estudiantes de la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil (UCSG) nos dirigimos desde el predio universitario hasta la Plaza Rodolfo Baquerizo Moreno, para avivar a los transeúntes a unirse a la marcha. Desde allí, emprendimos camino a pie hacia el Parque Centenario.

Una vez en el parque, opté por separarme del grupo y decidí aventurarme (créanme, el termino calza perfectamente) hacia la multitud que se situaba al pie de la tarima desde donde el bigotón pronunciaba su discurso. Usé un truco aparentemente sencillo, me dirigí hacia el Malecón por la calle Vélez y al llegar a la Plaza San Francisco corté camino por la vereda del Registro Civil (aquí sufrí múltiples empujones) hasta llegar a los bajos de la oficina de Iberia, en plena esquina de Malecón y 9 de Octubre. Pidiendo permiso, entre idas y vueltas, mezclándome entre los presentes, llegué a ubicarme prácticamente diagonal al alcalde y pude escuchar en directo, desde muy cerca su notable discurso: verdaderamente inspirador, como bien reflexionó una compañera de aula horas después del evento.

Una fiesta que se vivió sin violencia, ordenadamente y con un impresionante espíritu cívico que se podía respirar en las calles. La Metrovía funcionó de manera gratuita antes y después de la marcha, así que a eso de las 17.20 pude abordar un articulado en la estación de la Biblioteca Municipal y dirigirme a mi universidad sin ningún problema. ¿Hace 20 años esto hubiera sido posible? Definitivamente no, lo cual me hizo sentir orgulloso de vivir activamente mi ciudad. Un dato interesante, pues me atrevería a afirmar que los nacidos en la década del 70 no pudieron disfrutar (sí, disfrutar) de Guayaquil tanto como mi generación.

Entre tantas banderas, pancartas y camisetas, me llamaron mucho la atención el cartel contra Chávez, el sánduche gigante, el pulpo centralista, la cacerola vacía y el burro pintado de verde con el número 35. Ah, y también un cartel recordándole al dictador Rafael Correa el triste final de Eloy Alfaro: ojalá no se llegue a tanto.

La lucha recién comienza… ¡VIVA GUAYAQUIL!

PD: Revisen las excelentes galerías fotográficas preparadas por El Comercio y Hoy sobre el evento.

jueves, 4 de febrero de 2010

Elecciones FEUCG 2010 - 2012

Aunque han pasado 2 semanas y en la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil (UCSG) muchos estudiantes ya conocemos los resultados de los comicios celebrados el pasado 22 de enero, quisiera tomarme unas líneas para compartir mis reflexiones al respecto.

Lamentablemente, el demagógico ambiente electoral que hace 1 mes vivimos en la universidad hizo que muchos olvidaran la pésima imagen que nos ganamos ante la opinión pública, debido a los hechos ocurridos en el 2008, a los que ya me referí en un post anterior.

En su momento, supimos que uno de los mayores responsables de este vergonzoso hecho fue el Presidente saliente de la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica de Guayaquil (FEUCG), líder de la agrupación Independientes y actual asambleísta por Alianza PAIS, Eduardo Sánchez Peralta. Es de conocimiento público que este señor es uno de los mayores defensores del nuevo proyecto de Ley de Educación Superior impulsado por el oficialismo.

Siendo esto así, no sorprendió que durante las semanas previas a las elecciones, se rumore con insistencia (acaso la única fuente de información sobre las decisiones políticas en nuestra universidad) sobre el otorgamiento de un crédito estatal a favor de la FEUCG para remodelar su sede.

Finalmente el día de las elecciones, pudimos observar en los pasillos de la universidad la presencia del ahora ex Ministro del Litoral, Nicolás Issa Wagner (rodeado de guardaespaldas y con una carpeta negra bajo sus brazos) acompañado de la asambleísta por Alianza PAIS, Viviana Bonilla.

Semejante presencia, seguramente mantuvo muy bien informado al Presidente Correa, quien 1 día más tarde durante su cadena sabatina del 23 de enero anunció (antes que la propia universidad de manera oficial) los resultados de la elección para Presidente de la FEUCG 2010 – 2012, en los que resultó ganador el candidato de la agrupación Independientes, Abraham Bedran Plaza.

En definitiva, al reelegir a esta agrupación, los estudiantes de la UCSG han sido cómplices (de manera consciente o no) de la injerencia del Gobierno y de algunos de sus más altos funcionarios en las decisiones internas de la política universitaria.

Conscientemente, sabiendo que el Estado se encamina a convertirse en el mayor empleador del país, encontrando en las aulas universitarias el lugar propicio para palanquearse un puesto público en un futuro cercano, conociendo de antemano los privilegios de la burocracia dorada.

Inconscientemente, seguramente porque el candidato ganador tenía buena retórica y andaba bien vestido, organizó buenas fiestas, repartió volantes prometiendo el oro y el moro, quizá algún amigo formaba parte de su lista… En fin, cuestiones propias de la dinámica electoral universitaria.

Respecto a este sector inconsciente (tan alarmante por ser mayoría), es lamentable observar con total estupor su desinformación y peor aún, su desinterés en los temas políticos y económicos nacionales e internacionales, desconociendo el alcance de estas decisiones en su vida presente y futura. Como si fueran incapaces de bajarse de una nube donde viven una especie de vida ociosa y regalada, que les impide ver la realidad.

Si estos estudiantes son los futuros profesionales llamados a construir el país del mañana… ¿Qué futuro nos espera?

Espero sus comentarios.

lunes, 18 de enero de 2010

Un tal Norman Wray

Era 2005, mi último año del colegio: con un grupo de compañeros fuimos invitados a participar de un foro intercolegial con un joven político quiteño, desconocido hasta entonces, un tal Norman Wray.

Decía ser miembro de Ruptura 25, aquellos (en su mayoría) brillantes muchachos que orquestaron un golpe de estado pacífico desde la sociedad civil contra el gobierno corrupto del dictócrata Lucio Gutiérrez.

Nos contaba que estaba recorriendo el país buscando ideas y propuestas de jóvenes de mi edad, pues según él, jóvenes como yo debíamos recibir un nuevo país en 10 años y por lo tanto, nosotros debíamos participar del “proceso de cambio”. Palabras dulces al oído de cualquier ecuatoriano en aquel entonces y mucho más para un muchachito de 17 años, como yo en esa época.

Su principal propuesta consistía en convocar a una consulta popular con el fin de preguntarle a los ecuatorianos si estábamos de acuerdo o no con la instauración de una Asamblea Nacional Constituyente, que reformara la institucionalidad del Estado y siente las bases de un país que necesitaba con urgencia insertarse en el mundo. Vuelvo y repito, una propuesta maravillosa para la mayoría de los ecuatorianos en aquel tiempo.

¿Cómo no iba a serlo? Con una institucionalidad llena de abusos de poder, corrupción, burocracia, nepotismo, piponazgo, secuestrada por partidos políticos y convertida en caldo de cultivo de la ineficiencia, esta propuesta calaba hondo en todos quienes la escuchábamos.

A la sazón, transcurrían días en los que el dictócrata recién había sido derrocado y Alfredo Palacio acababa de asumir el poder. Él denunciaba abiertamente la necesidad de “refundar” el país a través de una Asamblea Constituyente.

Por ese entonces, me imaginaba un estado menos burocrático, más pequeño y cercano a la gente. Imaginaba también un estado que intervenga lo menos posible en la economía, que genere un clima propicio para los negocios y la inversión privada, respetando las libertades individuales y brindando incentivos para los emprendedores… Todo eso quedo en sueños, los ecuatorianos ya conocemos el desenlace de esta historia: tiramos al tacho de la basura una oportunidad histórica para refundar el país.

En aquel foro, recuerdo haberle dicho a Norman Wray que soñaba con un país de paz. ¿Paz? ¡Qué muchachito tan ingenuo, qué risa!

Pues bien, hoy ni siquiera tenemos eso: ¿Cómo vamos a tener paz? Nos miramos de lejitos con nuestros hermanos colombianos, vivimos en medio de unos niveles de violencia nunca antes vistos, tenemos un desempleo feroz y somos víctimas de una política internacional vinculada a líderes autoritarios… Después de todo, creo que no fui tan ingenuo al sugerir que quería vivir en un país de paz.

En fin, casi 5 años después mientras reviso la prensa me encuentro con ese mismo joven quiteño, presente en la rueda de prensa en la cual Fander Falconí renunciaba a la Cancillería del Ecuador por discrepancias con Su Majestad Rafael I. Junto a él, se encontraban algunos de los más emblemáticos fundadores de Alianza PAIS y militantes de Ruptura 25.

Lo único que se me viene a la mente al verlos es… ¿Será este el país con el que ellos soñaban en 2005?

viernes, 4 de diciembre de 2009

Obrero Revolucionario

Muchos ecuatorianos piensan que el desarrollo y el progreso del país son una exclusiva responsabilidad de sus gobernantes. ¡Qué gran error! Nada más alejado de la realidad, pues lamentablemente dicho criterio nos ha perjudicado de manera terrible dando como resultado un país sumido en una desgracia sin final, con ingredientes como la inestabilidad política, al que debemos sumarle el nefasto “honor” de ocupar un lugar entre las naciones más corruptas de las Américas junto a países como Haití, Paraguay y Venezuela.

Corrupción e inestabilidad política que derivan en caos institucional e inseguridad jurídica: los mayores enemigos de la inversión privada, aquella que alienta el progreso de los países. ¿Las consecuencias? El desempleo, el repunte de la delincuencia, la miseria, la fuga de cerebros, la gran brecha social y lo peor: el estancamiento (o peor aún, retroceso) de un país que en pleno siglo XXI no puede avanzar con firmeza hacia un mejor futuro.

¿Pero esto que tiene que ver con nosotros, los ciudadanos? El pasado domingo encontré en
El Mayor Diario Nacional el perfil de uno de los “obreros” de más alto nivel del Gobierno de la Revolución Ciudadana: Douglas Argüello, aquella voz en off de las cadenas nacionales que hace ya casi 3 años inundan radio y televisión para difundir la propaganda gobiernista.

Me llamó la atención la poca frontalidad y transparencia con el que el aludido manejó la entrevista, primero negándose a un encuentro personal con la periodista que realizó el reportaje y al mismo tiempo exigiendo un cuestionario por correo electrónico para responder las inquietudes planteadas por este medio de comunicación.

Por una sencilla razón: la investigación realizada por este diario desata una serie de contradicciones y anomalías de parte de este caballero revolucionario. Como miembro de un gobierno que se autoproclama de “manos limpias”, no debería tener inconvenientes en aclarar este tipo de dudas.

También ha llamado mi atención revisar su hoja de vida en la que se detalla su labor profesional en distintos medios de comunicación privados que hoy forman parte de la oposición. Más tarde, ha dado el salto a la política donde asesoró a funcionarios del Gobierno de Lucio Gutiérrez, para luego trabajar en la actualidad a las órdenes de la Revolución Ciudadana donde se ha convertido en la voz oficial encargada de fustigar a sus antiguos jefes. Es decir, ha bailado con la más fea y la más guapa sacando provecho de ambas. ¡Qué lindo!

Mientras leía, recordaba a la politiquería existente en mi universidad. Es lamentable ver como muchachos menores de 25 años se entrenan con estas mismas sucias habilidades para obtener beneficios personales. Ya lo comenté en un post anterior y lo reafirmo: la falta de transparencia y de propuestas concretas, la inexistencia de una línea política y profesional definida, el festival de ofertas demagógicas, la malversación de fondos y la nula rendición de cuentas tienen en una lamentable situación a una institución con 47 años de vida.

Para nadie es un secreto que la UCSG (especialmente su Facultad de Derecho) es una fábrica de nuevos políticos, los mismos que son reclutados –o al menos tentados- por partidos políticos para postularse a cargos de elección popular. Estos mismos nuevos políticos, unos años más tarde vienen a ocupar cargos de responsabilidad en la vida nacional, en calidad de dirigentes empresariales o funcionarios públicos. ¿Qué podemos esperar de estos señores, si desde muy jóvenes se entrenaron en la metodología de la corrupción?

Estas actitudes carentes de ética profesional, sumadas a procedimientos propios de un bailarín experto son los que han convertido al Ecuador en el pobre país que es hoy actualmente. La realidad sea dicha: al país no lo hacen los políticos, lo hacemos los ciudadanos.

Es lamentable observar a estos señores quienes por distintas razones se vinculan con la política, para luego practicar y promover este círculo vicioso, condenando al país al subdesarrollo, del que difícilmente podremos salir si no abandonamos de una vez por todas y para siempre estas prácticas nefastas.

Un nuevo Ecuador es posible con una verdadera visión de país y no con actuaciones guiadas por intereses particulares. Lamentablemente eso no se entiende en nuestro país, condenándonos una vez más a continuar con esta pobre situación.

¡Una lástima por este pequeño país, maravilloso y jodido a la vez!

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Fuga de cerebros en el Socialismo del siglo XXI

A inicios de agosto la prestigiosa revista Newsweek publicó un extenso reportaje sobre la situación actual de muchos profesionales en Venezuela, haciendo especial hincapié en los jóvenes recién egresados de la universidad (una situación que para mí esta cada vez más cerca) donde se resalta la masiva fuga de cerebros producto de los 10 años de autoritarismo del presidente Chávez en ese hermano país. El artículo puede ser encontrado en su versión original en inglés o en su traducción al español.

Mientras leía, me iba sintiendo cada vez más identificado con la realidad venezolana, la misma que poco a poco estamos empezando a vivir aquí en el Ecuador: una oposición cada vez más debilitada y un oficialismo sumamente acaparador, amo y señor absoluto de cuantos poderes y recursos se encuentren al paso. Es decir, un Estado expropiador de vidas, sueños, proyectos y por encima de todo, del sudor con el que nuestros hermanos venezolanos construyeron una sociedad dinámica y vibrante que se nutrió de las inmensas olas de inmigrantes provenientes de toda Europa, llegados luego de la II Guerra Mundial.

Un estado perverso, el cual incluso se ha convertido en el mayor empleador del país. Es decir, ¿Aquí en Ecuador nos estamos educando para ser burócratas?, ¿Ese es el gran futuro profesional que nos espera? Solo imaginarlo me produce terribles pesadillas sobre el futuro de nuestro país.

En el Ecuador, un burócrata es aquel individuo que trabaja para alguna institución del Estado, en la mayoría de los casos, no por sus méritos académicos o profesionales, sino por sus contactos. Algún compadre tiene una posición de privilegio en el gobierno de turno y haciendo uso de sus influencias, logra ubicar al aplicante en cualquier institución pública. Así, de pronto, esta persona pasa a ser parte de la enorme masa de trabajadores asalariados del Estado, los que gozan de una bien ganada (y probada) fama de trabajar poco y cobrar mucho.

¿Ese es el gran estímulo que tiene la Revolución Ciudadana para nosotros los jóvenes profesionales? En otras palabras, ¿De esa forma piensa la Revolución Ciudadana aprovechar nuestro talento para construir la Patria Grande y Solidaria? No cabe duda, ¡Grande y Solidaria será la nomina de trabajadores que el Presupuesto General del Estado tendrá que asalariar mes a mes!

Amo a mi país, pero ese es un futuro que no quiero para mí. Voy a la universidad aspirando en convertirme en un empresario capaz de generar bienestar, empleo y al mismo tiempo, para aprovechar la globalización y que de esta forma, en otros rincones del mundo puedan disfrutar de mis productos o servicios. Esa es la meta de mi vida y aunque parezca enorme, no es para nada algo que me haga sentir amilanado, más bien me estimula y me exige ser más para servir mejor.

Desde luego, está claro que para lograrlo necesito una serie de incentivos y estímulos, apertura comercial, sólidas instituciones, estabilidad, firme combate a la corrupción pero también libertad para emprender y expresarme. Entonces, la pregunta es ¿La Revolución Ciudadana me ofrecerá todo eso? Dios quiera que por el bien del país, así sea. Sin embargo, si nos apegamos a los hechos y a la cruda realidad, pareciera que no será de esta manera.

En un entorno así, los recién egresados nos veremos en la necesidad de buscar otros rumbos lejos de casa. Dejar el país es una idea muy dolorosa por que implica abandonar familia, amigos, recuerdos y una vida entera construida en un país maravilloso, único en el mundo. No quiero ser dramático, pero me da la sensación de que el paraíso donde vivimos, de pronto podría convertirse en un infierno de manos de la Revolución Ciudadana.

Mientras tanto, nuestros vecinos Colombia y Perú, son países que en la última década han concentrado esfuerzos por atraer inversiones e insertarse en la globalización. Para ello han reforzado su institucionalidad, combatido al terrorismo y promovido políticas de Estado que propicien la generación de empleo, conscientes de que este es el motor del desarrollo.

Tuve la oportunidad de visitar Colombia en marzo del 2008. Previo a realizar este viaje, tuve que enfrentarme a los temores de familiares y amigos, quienes consideraban que este sería un viaje de alto riesgo. ¡Cuánto se equivocaron!

Me encontré con un país cultural y racialmente muy parecido al Ecuador, donde al igual que en nuestro país, la mayor parte de su población se encuentra asentada sobre la cordillera andina. Solo descubrí una pequeña gran diferencia: Colombia vive actualmente una impresionante expansión económica, probablemente la más grande de su historia, alcanzando niveles record de crecimiento del PIB y de inversión extranjera directa, la misma que desde el 2002 (mismo año en el que Presidente Uribe llegó al poder) creció durante años consecutivos. ¿Su mayor atractivo? Su gente cálida y trabajadora, además de su posición geográfica privilegiada con salidas al Pacífico y al Caribe.

Aún no he tenido la suerte de visitar Perú, aunque espero hacerlo muy pronto. Muchos amigos que ya estuvieron por allá me cuentan brevemente del progreso que se respira en muchos rincones de ese país, impulsado una vez más por la inversión extranjera directa. Pese a que los niveles de IED no son los mismos que en Colombia, el Gobierno Peruano ha firmado Tratados de Libre Comercio con países asiáticos y norteamericanos, lo que seguramente traerá grandes beneficios a largo plazo.

Mientras nuestros vecinos abren su economía al mundo, nuestro Gobierno se encarga de espantar la inversión y de a poco, comienza a convertirnos en una economía totalmente dependiente del Estado, el mismo que depende de los precios internacionales de commodities como el petróleo. ¡Igual que en Venezuela!

Entonces llegará el momento en que lamentablemente muchos de nosotros nos veremos obligados a dejar nuestro pequeño paraíso llamado Ecuador e ir a ganarnos la vida en algún otro rincón del mundo. Una lástima por el país, que seguirá desangrándose.

martes, 15 de septiembre de 2009

Universidad Católica de Santiago de Guayaquil

Estando a poco tiempo de egresar, quiero permitirme hacer unas reflexiones sobre la universidad donde estudio. Durante mucho tiempo me las guardé, pero considero que es el momento justo para compartirlas.

Encontrándome en el último año del colegio y casi convencido de seguir la carrera de periodismo deportivo en Argentina, finalmente descubrí la vocación de mi vida. El emprendimiento fue algo que siempre estuvo innato en mi. Siempre fui considerado por mi familia y amigos como un emprendedor, pero fui yo el último en descubrir esa vocación.

Seducido por la publicidad y al mismo tiempo entusiasmado por la prima de un buen amigo de aquel entonces, comencé a indagar sobre la carrera de Emprendedores en la UCSG. Desde el primer momento me fascinó. Así de sencillo. Amor a primera vista, dirían algunos.

Eran los primeros meses del año 2006 y comencé con el reto de seguir una carrera universitaria, sin saber donde me iba a meter. El período entre 2006 y 2007 fue bastante bueno, cosechando éxitos académicos, buenas amistades y sintiéndome cada vez mas identificado con la causa emprendedora. Sin embargo, conforme mi formación y criterio se iban fortaleciendo, empezaba a descubrir al monstruo al que le había entregado mi formación profesional.

Un monstruo lleno de corrupción, burocracia y nepotismo al cual le importaba más un fajo de billetes que mi futuro profesional. Un monstruo que buscaba silenciar cualquier inquietud o requirimiento con el látigo de la ineficiencia administrativa. Hoy, sencillamente me arrepiento de haberle confiado a una institución como esta mi carrera universitaria.

Lo único que puedo hacer en estas circunstancias es hacerle saber al mundo lo que yo viví y lo que a partir del 2008 la opinión pública ecuatoriana comenzó a descubrir.

Comencemos por partes. En primer lugar, en la UCSG la libertad de expresión es inexistente. No existen espacios para el diálogo ni para un debate serio y frontal, mucho menos para la concertación, palabra que de por sí ya suena a utopía. Ni hablar de la sucia y burda politiquería que es promovida por sus "líderes" estudiantiles, los cuales mas bien parecen los cabecillas de una pandilla de borrachos. Sí, borrachos.

Borrachos que para lograr votos ofrecen trago, piscina, mujeres fáciles y diversión. ¿Cómo es posible? Yo ingresé a la universidad para recibir formación académica, espiritual y para afianzar mi compromiso de servir a la sociedad.

Semejante cloaca tenía que reventar en algún momento y aquello finalmente ocurrió el 16 de agosto del 2008, cuando el Presidente Rafael Correa incitó enfrentamientos entre estudiantes opositores a su proyecto constitucional e infiltrados de Alianza PAIS y el Partido Comunista del Ecuador, con frases como “Ustedes son 400 y ellos 50, díganle a esos majaderos que aprendan a ser democráticos”, que condujeron a una gresca sin precedentes en la historia de la universidad y a su vez, la pusieron en el ojo de la opinión pública ecuatoriana.

Sin embargo, eso no es lo más grave. Lo grave, fue descubrir que Rafael Correa llegó a la universidad invitado por el Presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica, Eduardo Sánchez Peralta, quien luego fue recompensado con la candidatura nacional suplente a la Asamblea Nacional por Alianza PAIS, curul que finalmente logró. Al mismo tiempo, Sánchez promovía abiertamente entre los estudiantes el apoyo al proyecto constitucional de Correa, utilizando de manera muy sutil la imagen de la Federación de Estudiantes con el eslogan AVANCEMOS
SIEMPRE… SÍ ES POSIBLE!

Hoy es posible visitar la sede de la FEUCG y ver colgado el diploma donde el Consejo Nacional Electoral le otorga a Sánchez la calidad de Asambleísta. Como si fuera un tesoro, el cuadro más lindo de su casa o su premio por alinearse con el dictador. Con total frescura e impunidad, a lo que yo me pregunto... ¿Acaso nos cree estúpidos?

La cereza que adornó el postre de un año para el olvido y para la verguenza, ocurrió el 4 de diciembre del 2008, durante una exposición artística en la Galería Mirador de la UCSG. El entonces Director de la Comisión de Tránsito del Guayas, Ricardo Antón, increpó al artista Betto Villacís por la exhibición de su obra Carvux Corax, en la que se mostraba a un buitre con cuerpo humano vestido con el uniforme de la institución. ¡Escándalo en una universidad!

¿Grave? No tanto como la censura de la obra, con el apoyo del Rector encargado Mauro Toscanini Segale.

No tan grave como el poco fomento a la investigación que he visto en estos 4 años, al menos en mi facultad. No tan grave como la insultante ineptitud y el servicio que nos ofrecen muchos de los empleados de la universidad. No tan grave como el tener una estación de la Metrovía a medio construir e inaugurada en medio de sacos de cemento y ladrillos, el mismo día que comenzó a circular la Troncal Bastión Popular. ¡No tan grave como la mediocridad que respiramos!

Esa es la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil.